¡Gracias Chávez por devolverme mis Reyes Magos!

enero 17, 2011

Como sí había vivido el proceso en Cuba, un proceso que nunca tuvo base constitucional y que se caracterizó desde un principio por el abuso, el atropello, el encarcelamiento o el fusilamiento de los disidentes después de un juicio somero e injusto; como lo que veía en Venezuela, pese a la queja de los venezolanos “escuálidos”, “oligarcas” y “burgueses”, hasta aquel momento sólo había sido, por así decirlo, pequeñas “molestias” para este sector que en mi país había desparecido por completo en menos de año y medio de fidelato; como más bien que mal los medios informativos funcionaban hasta ese momento sin realmente, para mí al menos, ninguna novedad importante, (nosotros en Cuba pasamos en menos de un año, de ser el país con más medios en América Latina a no tener más que el oficial, y, para usar el vocablo con su significado correcto, “escuálido” Granma); como mi querido suegro, venezolano patriótico, creyente en su pueblo y en el proceso electoral democrático de Venezuela, me dijo al notar mi indecisión: “No debes preocuparte, aquí no va a pasar lo que pasó en Cuba. El pueblo no lo va a permitir.” (¡Ay, suegrito…el pueblo en Cuba no pudo darse el lujo de decidir…!); por todos esos “comos”, mi esposo y yo decidimos mudarnos a Venezuela, ya que, me dije, si “él” sigue la línea constitucional, vertiente que para mí era una novedad dentro de los sistemas comunistas que yo había conocido, entonces habría una garantía. Además, a mi bueno y respetado suegro, a sus 84 años, el destino no podía jugarle semejante jugarreta, no con el ejemplo nuestro tan de cerca. Pero no recordé que sí se la había jugado a mi padre cincuenta años antes.

El 5 de enero del 2011, víspera del Día de Reyes, amanecimos en Venezuela con la muy anticipada toma de la nueva Asamblea Nacional. Fue triste, pero no inesperado, el espectáculo que se manifestó ante nuestros ojos y no creo que necesitemos entrar en detalles específicos. Baste decir que se vuelve a evidenciar la escisión, el odio, y agresividad que produce el fanatismo de estos regímenes, ya sean de izquierda o de derecha. Duele ver erguirse un hermano contra otro y darse cuenta uno que estos resultados en gran medida se deben a que la democracia es niña inocente que contiene las semillas de su propia destrucción cuando la manejan hombres que tienen la disposición de mantenerse apegados a ella (qué ironía, ¿no?) y que no pueden entretener la posibilidad de que algunos piensen en violentarla. ¡Y es tan fácil tomarse ventaja de la niña inocente! A veces pienso que Justicia se debería quitar la venda de los ojos o por lo menos atisbar por sobre ella. Acepto que los seres humanos sólo podemos aspirar a acercarnos a la nirvana, que no hay sistema perfecto, que nuestros gobiernos son reflejo de nosotros mismos, y que nuestros pueblos, por desdicha, han sido tristemente vapuleados por grupos políticos que no han tenido como objetivo proteger sus verdaderos intereses. ¡Ah, qué maravilla tener 20/20 al mirar atrás y entonces, después que ya no hay remedio, reconocer que hubo errores! Entonces no queda otra que “llorar como mujer lo que no supimos defender como hombres”. Y ustedes se preguntarán, bueno, ¿y por dónde va a salir el 6 de enero?, porque esta señora lleva casi dos cuartillas y no ha entrado en materia. Pero sí, hace rato que lo hice…

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