¡Auxilio! ¡Están matando el español!

mayo 20, 2010

Por Hilda Luisa Díaz-Perera. 2010, Derechos Reservados.

Es triste el estado en que se encuentra el español a nivel del ciudadano de a pie. No podemos conformarnos conque sólo los privilegiados de la educación lo manejen correctamente, ya que el ser humano no se hace conocedor de su lengua con sólo hablarla. El idioma es un gran edificio que se construye a partir de una base sólida, ladrillo a ladrillo, cuyas materias primas incluyen su abecedario, su vocabulario, su acentuación, su puntuación, su ortografía, su gramática, y su composición; es comprender sus reglas y es saber cómo y cuándo éstas se pueden franquear; es saber forzarlo, pero también es saber respetarlo. Es más, se empieza a conocer íntimamente nuestro idioma cuando debemos traducir de otro. De esta instancia hablaremos más adelante.

Supongo que estas consideraciones me podrían colocar entre los puristas que se sienten cómodos con un idioma estacionario y no así con uno que contiene las semillas de su propia metamorfosis y rejuvenecimiento. Quiero  aclarar que aunque prefiero, quizás por mi edad, el orden y lo predecible, siempre me ha gustado ensayar y repetirme en silencio alguna palabra nueva o giro de decir innovador que tengo la fortuna de encontrarme en mis lecturas y mis intercambios con otras personas. También aplaudo las reformas de la Real Academia de la Lengua  Española (1) que simplifican pero patrullan el uso del español, y recogen y acogen palabras que por su ubicuidad merecen ser aceptadas por el idioma formal. Me hace feliz la jerga, el espanglés/spanglish, el guarañol y el portuñol, pues son españoles bastardos, bandidos y atrevidos, que se burlan de la Academia entrando y saliendo con su contrabando lingüístico por las fronteras geográficas y por las del desconocimiento o facilismo del que los usa. Pero son también caldo de cultivo de soluciones que resuelven el encuentro de dos culturas y la forma en que ambas logran llegar a acomodarse y entenderse. En muchas ocasiones es a través de estos híbridos como surgen las palabras nuevas que le ofrecen un fresco ímpetu al español.

Me llena de ternura escuchar a un niño de ascendencia hispana en Estados Unidos luchar con las enrevesadas conjugaciones de los verbos irregulares del español, o cuando al traducir, en su afán por darse a entender, convierte play the piano en “jugar el piano”. Pero, precisamente por verme en ese espejo, por vivir, crecer y estudiar en Estados Unidos durante tantos años, dudaba de mi propio conocimiento del español. Sin embargo, después de mudarme a vivir en un país hispano ¡he perdido todos los complejos! En dos años he podido empaparme de un español anárquico, que se mueve por donde se le antoja, sin guía vigilante que encauce sus bríos. Por ser este un tema imposible de cubrir en un artículo, quiero ser puntual y ceñirme a algunos de mis “descubrimientos” que quizás sean los que más me turban. Empecemos pues: la palabra conseguir se define como alcanzar, obtener o lograr lo que se desea. Por lo tanto, yo no puedo “conseguirme con Carlos en el centro”, pero sí puedo “encontrarme con Carlos en el centro” o “Carlos y yo nos encontramos en el centro”, porque la palabra encontrar significa dar con

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